Francisca Sánchez Pinilla

María Luz Morales y la escritura para niñas

Francisca Sánchez Pinilla

Universidad de Valencia

sanpi2@postal.uv.es

 

Resumen: En la década de 1920 una nueva generación de escritoras comenzarán, a través la prensa y la oratoria, a reflexionar sobre un nuevo modelo de literatura infantil. María Luz Morales editará en estos años diversos trabajos en los que teorizará sobre los libros, las mujeres y los niños, reivindicando el papel de estas como narradoras y educadoras. Tras la Guerra Civil y la represión sufrida reconducirá su labor como escritora a través de un modelo fabulístíco en el que aún podemos hallar muchos de los presupuestos educativos anteriores. Rosalinda en la Ventana se nos muestra como ejemplo.

Palabras clave: M.L. Morales, narradoras, LIJ preguerra, educación niñas, Rosalinda.

 

Abstract: In the 1920's a new generation of writers begin, through the press and public speaking to reflect on a new model for children's literature. Maria Luz Morales published in these years various jobs in the that reflects on the books, women and children asserting their role as storyteller and teacher. After the Civil War and the repression suffered renewed its work as a writer through a tale which we can still find many of the educational budgets. Rosalinda in the window shows us as an example.

Keywords: M.L. Morales, children's literature, storyteller, girl education, Rosalinda.

 

“Tiene el libro resplandecientes horizontes de anticipación para la infancia”[1]. Así elogiaba María Luz Morales la importancia del libro en esa primera edad del ser humano en un conocido texto (Morales, 1928) en el que unía tres de los términos que dan sentido a nuestro estudio: libros, mujeres y niños. Palabras del tiempo de aquellas mujeres que allá por 1920 comenzaron a escribir historias diferentes para las niñas.

La gran dama de la prensa nació en 1898 en tierras gallegas. Pronto se traslada a Barcelona, ciudad que ya nunca dejaría de ser su residencia, aunque tampoco olvidará las gentes y la lengua gallega, cuya defensa manifestó activamente. Su relación con la prensa gráfica se inicia en 1921 en una larga y productiva carrera que correrá paralela al devenir de los tiempos (Rodrigo, 1988).

En las páginas que siguen trataremos de justificar que el modelo de LIJ defendido en sus artículos anteriores a 1939, pueden rastrearse en la prosa infantil escrita tras ser encarcelada y represaliada. Para ello nos centraremos en el análisis de Rosalinda en la ventana publicada por la editorial Hymsa[2].

La pérdida de un pleito en la vida familiar y acomodada de Rosalinda la obligan a trasladarse desde la península al torreón desolado de sus tías abuelas en Menorca. Allí añorará el bullicio de la vida en la ciudad. La lectura le ayudará a ganarse la compañía de otros niños. Perico, un humilde muchacho, le ayudará a descubrir los secretos que ella imagina legendarios en la historia de las mujeres de la casa..., y será también quien le revele el pasado mítico de la isla en cuya indagación sufrirán una peligrosa aventura. La historia concluye felizmente cuando Rosalinda descubre que el personaje misterioso no es otro que la anciana tía Rosa a quien la niña se asemeja. El análisis paratextual nos presenta como receptora a una jovencita cuya lectura le sirva de crecimiento, elemento constitutivo del género. La lectura como acceso al conocimiento ya lo había expresado pero en otros términos:

 

Nuestra estudiante ha saltado de un solo brinco del pensionado a la universidad. Ha dejado a la madre reverenda por el catedrático de Arqueología (...) De la “Flora” la “Educación de los jóvenes” y “La novela de un joven pobre” a su Ortega y Gasset y su Unamuno, su Proust, su Freud y su Keyserling (Morales, 1930: 10).

 

Rosalinda es una niña de once años que apenas podía entender que la “ temida probabilidad de perder el pleito encerrara la perdida de algo más, no sabía qué: la fortuna, unas fincas, tal vez...” (Morales, 1945: 6). Esa pérdida, que tal vez para la propia autora fuera lo que se escondía tras esos puntos suspensivos, le obliga, como a las niñas de aquellos años, también aisladas y presas en imaginarios torreones, a ver el mundo desde su propia ventana. Carmen Martín Gaite, de cuya memoria hemos rescatado la importancia que tuvieron estos libros en su vidas, reivindicó para ellas el concepto de ventanera:

 

La ventana es el punto de referencia de que dispone [la mujer] para soñar desde dentro el mundo que bulle fuera (...) es el puente tendido entre las orillas de lo conocido y lo desconocido, la única brecha por donde puede echar a volar sus ojos, en busca de otra luz y otros perfiles que no sean los del interior, que contrasten con éstos (Martín Gaite, 1987: 51).

 

La niña, que se ve obligada a abandonar el mundo de donde viene:“¿Qué sería de ella, en aquel fin del mundo, rodeada de cosas viejas, feas y antipáticas, separada de todo cuanto amaba? Papá, mamá Enrique, su casa, las películas, los conciertos, la confitería, la luz eléctrica, los taxis, los tranvías” (Morales, 1945: 30) es obligada a vivir en un tiempo que siendo el nuevo presente, parece remoto:

 

Le dieron para que se entretuviera, un rompecabezas, como a los niños pequeños. Le faltaban piezas y los cromos eran absurdos, del tiempo de la Nanita... ¡y ella que ya desdeñaba en su casa el precioso puzzle con escenas de películas, traído del propio Hollywood! Cuando le preguntaron si le gustaban los libros, vio el cielo abierto; le pusieron en las manos el “Buen Juanito” y un devocionario (Morales, 1945: 41).

 

Esa dualidad la había ya expresado al hablar de sus contemporáneas:

 

Veo yo en este momento a la joven moderna de todos los países como atravesando un peligroso puente de tablas angostas que la lleven del tiempo de la anteguerra al de la posguerra. De la orilla que deja están prejuicios, conveniencias sociales, trabas y grillos que pies y manos le atenazan (...). La orilla a donde va, en cambio, con ofrecerle horizontes más amplios, más puro y despejado aire libre, guárdala también el pesado fardo de la conciencia, de la responsabilidad, del trabajo... (Morales, 1927: 9).

 

A partir de ahora, el único papel del que dispone para encajar en ese mundo será el de narradora: “Pronto se dio cuenta de que encontraba raro placer en contar y en ser escuchada” (Morales, 1945: 46). En las páginas de El Sol bajo el título “La hora del cuento” había divulgado el libro de Sara C. Brayant Cómo contar cuentos a los niños[3]. Las directrices de la escritora norteamericana permiten afirmar a nuestra periodista que infantil es:

 

Toda obra literaria en la que haya imaginación, fantasía. Así la “Iliada” y la “Odisea” –más ésta que aquella– y las comedias –no los dramas– de Shakespeare (...) Aún no hace mucho tiempo, tuve ocasión de ver a un auditorio de niñas de cinco a diez años pendientes de los labios de la narradora que para ellas contaba “La Gitanilla” de Cervantes (Morales, 1926a).

 

Por ello una y otra vez había rechazado la puerilidad, la moralidad y la instrucción como elemento configurador de la LIJ:

 

La mayor parte de nuestra literatura infantil peca por falta de sinceridad. Es literatura hecha de encargo, sin fe, sin entusiasmo, sin grandeza. Como estamos tan lejos del niño, cuando queremos que nos escuche nos bajamos hasta su nivel, en lugar de elevarle a él hasta la altura de nuestro corazón...Y así la mayoría de los autores, cuando no incurren en el consabido dogmatismo machacón, sermoneador y siempre de una moralidad no por bien intencionada menos discutible, caen en el extremo opuesto, en la puerilidad, en el balbuceo, en el halago fácil e insincero, que hace su obra inferior y falsa, y que al niño, que con rara perspicacia se da cuenta del “truco”, le causa instintiva repugnancia (Morales, 1929: 9).

 

Morales es consciente que los nuevos tiempos exigen una nueva literatura, y que intrínsecamente es cambiante:

 

Este mundo nuestro, este mundo de hoy, separado de la vieja “feérie” por un largo periodo de aburrimiento y prosaísmo, no es menos prodigioso que aquel que las hadas poblaron. Máquinas, motores, aeroplanos, automóviles, “cine”, edificios, actividad, ciudades, espiritus, dinamismo, voluntad, modernidad, dijérase que todo en torno gira obedeciendo a cientos, a miliares, a millones de varitas mágicas... (Morales, 1930: 9).

 

Entre los libros enviados a la niña, como un eslabón entre ambos mundos, “Algo amigo, algo de casa” (Morales, 1945: 43), aparecen autores elogiados por la autora años atrás, Julio Verne (Morales, 1928: 9), o traducidos, Peter Pan y Wendy, e incluso editados por ella, El Niño de Urbino. Llega incluso a citar sus obras no infantiles: “Recordando la historia de la Moda, que guardaba mamá en su coquetona biblioteca” (Morales,1945: 67). La autorreferencia en la selección de lecturas para la infancia la encontramos ya anteriormente (Morales, 1936; Morales, 1928).

La cita de títulos va más allá, cuando el entramado narrativo comienza construirse. Al torreón acude el farero con su hija Estrella de los Mares cuyo nacimiento recuerda cuento fantástico. El contacto entre ambas niñas es de nuevo literario. Estrella le recita el Romance de Delgadina, El romancillo de la doncella y otras composiciones infantiles. Los textos nos hablan de jóvenes en cuyo destino no interviene su voluntad sino la fuerza, la violencia, el poder... que ejercen sobre ellas. Recordemos que en las múltiples versiones que hallamos de Delgadina se nos relata un incesto y en La doncella la historia de una joven obligada a meterse en un convento frente a su voluntad de casarse “con un mocito barbero”. De nuevo el texto rescata el contexto.

La I.L.E., las Misiones Pedagógicas que habían sido enormes difusoras de estas composiciones en los años precedentes, harían evocar en las lectoras lo aprendido en aquellas escuelas. Ya en una temprana colaboración en El Sol (Morales, 1926) nuestra autora había advertido de la importancia de la canción en la vida del niño, elogiando el trabajo de Narcisa Freixas. La evocación del romancero nos refuerza la opresión sobre lo femenino. Como apunta Ana Pelegrín (1990: 48): “La mujer niña explora en el romancero el sitio que le depara la sociedad, el aprendizaje de la condición femenina”. El juego de las niñas le lleva a buscar tesoros guiadas por una varita de virtud: “De todos los mitos que pueblan una infancia, es el más caro y más delicioso, este de la “varita de las virtudes”, ¿o “varita de virtud”? talismán capaz de “llenar nuestro mundo de cosas deseadas –la frase es de Ortega y Gasset–. Se sabe que no existe, pero se sueña en ella”[4].

Y en efecto, la búsqueda de un antiguo secreto dará paso a la parte más fantástica del relato. Sus pesquisas la conducirán a un diario fechado en aquella época en la que en salones y tertulias las mujeres recitaban estos versos:

 

Alabastros cuan cien astros

Iluminan las cálidas estancias

Las hermosas son fragancias

Que destila la más bella flor…

 

Juan Valera nos pone sobre la pista de su autor y del ambiente literario de estos salones que nos permite datar a qué época nos remontamos:

 

Floridas estancias, Alabastros con cien astros, suspiros, melodías y otros primores, encantaban, deleitaban y fascinaban. El poeta que recitaba así, con música como se dice que Cayo Graco, pronunciaba sus arengas, era el ilustre don Pedro de Madrazo. Así cundió entre las mujeres la afición a la poesía. Muy lindamente recitaban algunas al piano los versos de Madrazo y más tarde los de Francisco Camprodón (Valera, 1902).

 

De nuevo el mundo literario de Morales salta al relato. Las románticas era un tema del que había mostrado una vasta erudición en conferencias y artículos[5].Como señala la autora: “Toda la época romántica está señalada por claros jalones femeninos. En todo el romanticismo pululan y se agitan activamente las mujeres. Es, al parecer, su hora, su momento” (Morales, 1927: 10).

La búsqueda del secreto escondido en un viejo diario aliará a Rosalinda con el joven Perico. En noche de confesiones en el islote de “Las Lagartijas”, el pasado histórico y legendario de la isla de Menorca será relatado. De una parte la lección enciclopédica que recita la niña; de otra la narración legendaria y mítica que los conduce hasta la Cueva Pulida. Y allí, el mundo de las sirenas se hace presente y de nuevo la leyenda se cruza en la historia. Será esta vez el emparedamiento de la mora Zoraida el que nos conmueva. Una vez más el poder opresor del padre y la intransigencia vertebran el destino de la bella Zoraida. Una leyenda que se repite frecuentemente en espacios naturales como registra García de Diego (1999). Los topónimos castellanizados de la isla evidencian los nuevos tiempos. Años antes Morales reconocía que:

 

Será locura semejante a ésa la de negar (...) el derecho del niño a recibir la primera enseñanza en lengua materna. En los hogares de los niños de Cataluña, como en los de los pequeños campesinos de Galicia, aun a través de tantos siglo de imposición, no se habla castellano, y, por lo tanto, la lengua en la que se pretende dar riqueza a un espíritu es una lengua artificial, que solo escuchan en la iglesia y en la escuela (Morales, 1930: 10).

 

Tras lograr ser rescatados, Rosalinda puede encajar las piezas del diario. Su anciana tía Linda Rosa es la joven romántica que renunció al amor por atender la ceguera del padre y Rosalinda es la heredera de esa estirpe de mujeres. El relato se nos presenta fiel a las convenciones del género. Sin embargo, una lectura atenta evidencia que su autora no quiso renunciar al concepto de la literatura que con tanto ahínco defendió como proyecto educativo para la infancia. Ni renunciar, siquiera, a su escritura; pero hubo de asir una nueva varita de virtud para escamotear la mar bravía de los nuevos tiempos. El texto ensayístico dejaba paso al relato literario. Este se dejaba contar. Tras él podía hablar de la pérdida, del poder masculinizante y opresor que se cernía sobre las niñas y del poder que los libros y las viejas historias, daban a las jóvenes que decían asomarse a las ventanas.

 

Bibliografía

DÍAZ PLAJA, A. (2008), Claves de análisis de las novelas para niñas: Valoración histórica y literaria, Barcelona: Universitat de Barcelona. Departament de Didàctica de la llengua i la literatura.

GARCÍA de DIEGO, V. (1999), Leyendas de España, Barcelona: Círculo de Lectores.

MARTÍN GAITE, C. (1987), Desde la ventana, Madrid: Espasa-Calpe.

MORALES, M.L. (1926a), “Libros para niños”, Madrid: El Sol, 9-XI.

— (1926b), “Canciones”, Madrid: El Sol, 18-XII.

— (1927), “Las Romanticas I”, Madrid: El Sol, 16-XI.

— (1930), “Lengua Materna”, Madrid: El Sol, 1-VII.

— (1936), “Una varita de virtud...”, Barcelona: La Vanguardia, 1-I.

— (1928), “La Ruta de Julio Verne”, Madrid: El Sol, 18-III.

— (1928), Libros, mujeres, niños, Barcelona: Cámara Oficial del Libro de Barcelona.

— (1929), “Las Hadas”, Madrid: El Sol, 30-VI.

— (1927), “Glosa de una Defensa”, Madrid: El Sol, 9-X.

— (1930), “Las hadas aterrizan”, Madrid: El Sol, 30-VI.

— (1945), Rosalinda en la ventana, Barcelona: Hymsa.

— (1930), “Estudiante 1930 III”, Madrid: El Sol, 7-IX.

PELEGRÍN, A. (1990), “Poéticas y temas de la tradición oral (El romancero infantil)”, en P. Cerrillo y J. G. Padrino (ed.), Poesía infantil: teoría, crítica e investigación, Univ de Castilla La Mancha.

RODRIGO, A. (1988), “María Luz Morales”, en Mujeres de España. Las silenciadas, Barcelona: Círculo de Lectores, pp. 177-185.

VALERA, J. (1902), “Letras y artes españolas en el siglo XIX. La poesía lírica y épica en el siglo XIX”, en La Ilustración española y americana, año XLV, nº XIX, Madrid, 22 de mayo, p. 6.

 



[1] El texto preceptivo de Mª Luz Morales es Libros, Mujeres, Niños en el que hallamos básicamente la teorización de estos tres conceptos. Sin embargo, las reflexiones quedan ampliamente desarrolladas en el amplio número de artículos localizados sobre el tema que constituyen nuestra fuente primaria de información.

 

[2] Para un estudio detallado de Hymsa y de la colección “Novela para niñas” remitimos a la excelente tesis doctoral de Díaz Plaja (2008), a quien agradecemos el acceso a su consulta y el asesoramiento recibido.

 

[3] Se trata de una trilogía publicada en El Sol como “La hora del cuento” entre el 23-11-1930 y 11-12-1930. Véase también “ Los Cuentos”, La Vanguardia. 7-3-1922.

 

[4] La Vanguardia, 1-1-1936. p. 10

 

[5] En La Publicitat (8-I-1931) leemos que, organizado por el Comité Femenino de Mejoras Sociales, imparte el Cursillo “Seis Charlas Literarias”, las cuales giran sobre las románticas. Previamente había publicado desde el 16-10-1927 hasta el 30-12-1927 en El Sol, una colaboración seriada sobre el tema. Finalmente acabaría publicándolo en 1930 en Historia Nueva dentro de una colección dirigida por Irene Falcón con claro perfil feminista.