Lilia García Bazterra

Promoción de la lectura en receptores ciegos, desde la perspectiva de la integración

Mg. Lilia García Bazterra

Consejo General de Cultura y Educación (Buenos Aires, Argentina)

(gabazterra@bvconline.com.ar)

 

Resumen: La comunicación toma como eje la edición de libros de literatura ilustrados para niños y jóvenes en braille. La experiencia piloto se realizó entre dos escuelas –una de educación especial y una de formación de ilustradores profesionales– pertenecientes al sistema educativo de la provincia de Buenos Aires. El desafío constituyó una búsqueda de caminos innovadores para editar libros que promuevan el placer de la lectura, incluyendo la fuerza de ciertas minorías con dificultades visuales. En este trabajo, se describe el origen y el proceso de construcción de un objeto textual que, aunque de sencilla factura, apunta a la integración de lectores ciegos, disminuidos visuales y videntes.

Palabras clave: braille, lectura, ilustración, integración.

 

Abstract: In this project, communication mainly aims at publishing  illustrated books for children and youngsters in braille. The pilot experience was carried out in two schools – a special education one and a professional illustrators’ training institute – both of which belong to the educational system of provincia de Buenos Aires, Argentina. The challenge was to look for innovative ways to publish books that foster the pleasure of reading, and to include certain minorities as children with visual difficulties. In this paper, the origin and construction process of a textual object is described. This, though simple, targets the integration of blind, visually impaired or sighted readers.

Key words: braille, reading, illustration, integration.

 

Esta experiencia corresponde a una derivación del Concurso Literario Palabra de Maestro, organizado por el Consejo General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires. Desde 2006, se realiza la edición de las obras ganadoras, no obstante, recién en 2009 percibimos la limitación de la franja de lectores a la que enfocábamos la edición. En el instante que circulaban las antologías y disfrutábamos de observar cada detalle, una persona ajena al proyecto pero que comparte muchas horas de nuestro trabajo, dijo: “Están hermosos los libros, pero mi hija no va a poder leerlos, porque es ciega. ¿Sabe que mi hija es ciega? ¿No?”.

Ese comentario puso en duda el alcance de nuestro propósito. Suponíamos que habíamos editando libros para todos los chicos que quisieran leerlos y ahora descubríamos que, en manos de un ciego, la edición omitía a esos niños y jóvenes lectores.

De inmediato, enfocamos la posibilidad de promover un proyecto de edición en braille. Los miembros del Consejo General de Educación de la Provincia de Buenos Aires reconocieron el valor de la inquietud y facilitaron la interacción entre la Dirección de Educación Especial y la Dirección de Educación Artística, para dar cauce a la idea y alinear un objetivo en común.

La directora de la Escuela de Educación Especial Nº 515 Elina Tejerina de Walsh, de la ciudad de La Plata, Prof. Amalia Méndez y las docentes Prof. Adriana Rimoldi y Prof. Teresa Altieri, se constituyeron en nuestros referentes e informaron que contaban con las herramientas necesarias para la impresión, incluida una máquina thermoform que utilizan para hacer gráficos y mapas en relieve. Ante esta posibilidad tecnológica, nos preguntamos si sería dable pensar en una edición ilustrada; luego la directora nos planteó que, si bien esa no era la aplicación que se hacía en la escuela, se podían realizar pruebas. Contactamos también a la Prof. Myrian Bahntje, docente de la Escuela de Artes Visuales Lino Enea Spilimbergo, de la ciudad de Bahía Blanca, en la que se forman Ilustradores Profesionales. Ella ofreció la colaboración de los alumnos de su cátedra de Ilustración[1], aunque manifestó que no se registraban antecedentes institucionales al respecto y la propuesta resultaba por demás desestructurante.

 

Contextualización de la edición

En la reunión inicial del equipo, las docentes convocadas intercambiaron ideas y acordaron que se elaborarían 4 ejemplares de una propuesta artesanal y las matrices para la impresión de las ilustraciones en thermoform del cuento para niños El bostezo, de la docente autora Rosana Dell, y El asesino de Stella Mary Lina, para jóvenes.

Los futuros ilustradores acudieron a una jornada taller en la escuela de ciegos, con preparados y matrices simples para observar el comportamiento de los materiales en la thermoform y presentaron los primeros bocetos de ilustraciones. Todas las producciones fueron hechas con la atención puesta en las orientaciones de las maestras de educación especial y con la tutoría artística de la profesora de la cátedra, no obstante, surgieron correcciones en función de la factibilidad de lectura de las mismas. Al cierre de la jornada, se imprimieron exitosamente dos pruebas con imágenes que fueron validadas por las maestras de ciegos.

En ese espacio, las docentes refirieron la avidez de libros de lectura, en un contexto en el que existe abundante material en la biblioteca parlante. A la vez que aclararon que un material no va en perjuicio del otro y que en muchos niños ciegos la posibilidad de leer un libro, además de producirles placer, les origina un profundo sentimiento de superación.

En la biblioteca, fue impactante transitar el silencio de los estantes cargados de libros en braille; todos exhiben en la tapa el título de la obra y el nombre del autor en tinta y braille. Cuando se toma un libro y se recorre esa extensa cantidad de hojas blancas inundadas por puntos, un lector vidente se descubre ciego en una biblioteca braille. Esta secreta conexión con la ceguera comenzó a gestar la idea de un libro que no marcara las orillas de las capacidades diferentes sino que construyera una oportunidad para el encuentro.

 

La realización: observación y reflexiones

Se esperaba editar libros que, aunque resultaran de muy sencilla factura, fueran pensados desde una perspectiva estética y pragmática.

Así, por sugerencia de las docentes, se eligió la página A4 porque, además de resultar un tamaño apto para su manipulación, es el que acostumbran utilizar en función de la optimización de los recursos tecnológicos y el uso de papel sin desperdicios. Se diagramó y diseñó cada página colocando el texto en braille y tinta sobre una misma cara del papel. Se concibió la página como un espacio sobre el que distribuir cada signo con el foco puesto en el placer de una lectura facilitadora del intercambio. Recordemos que el sistema braille ocupa aproximadamente cuatro veces más papel que una impresión en tinta en tamaño de fuente 12.

Como las maestras señalaron que algunos tipos de letras favorecen la lectura de niños con resto visual, decidimos indagar cuál era la mejor oportunidad tipográfica. Encontramos información al respecto en Recomendaciones para presentar textos impresos accesibles a personas con dificultad visual. A partir del cruce de datos y el intercambio de ideas, se prefirió utilizar letra Arial, por la definición y claridad que ofrece, en tamaño 26, de grosor normal, justificado a la izquierda y con bloques de texto cortos en cada página, siempre localizable en el mismo lugar. Se imprimió en tinta negra sobre papel mate blanco o colores muy claros para facilitar el contraste.

Observamos que, en la mayoría de los libros editados en los dos sistemas, el braille se distribuye en la parte superior y la tinta en la inferior. Cuando comenzamos a simular cómo se efectivizaría la lectura simultánea de dos niños sobre el mismo libro, en una relación simétrica, advertimos que resultaba difícil lograr un flujo distendido y gozoso de lectura, ya que en esa ubicación la necesaria exploración táctil impedía la visualización en tinta. Al invertir el orden de distribución del texto, es decir, colocando el texto en tinta en la parte superior de la página, se superarían las interferencias en la lectura compartida.

En la impresión no utilizamos el thermoform original debido a que existen dificultades en su provisión. Hace ya aproximadamente 10 años, las maestras de la escuela, lo suplantaron por láminas de pet de 200-250 micrones, un plástico que, si bien no goza de los mismos atributos del thermoform, cumple su función.

Realizaremos ahora un recorrido por las ilustraciones artesanales y las matrices para thermoform, guiados por los aportes de la Prof. Myrian Bhanje. Es interesante observar los intercambios sostenidos durante la etapa de asunción de la labor de ilustrar para ciegos, en el marco de la formación profesional. Algunos jóvenes manifestaron que no estaban capacitados para abordar el trabajo porque se sentían “con las manos atadas”, otros se mostraron entusiasmados y dispuestos, aunque llenos de incertidumbre. El debate fue intenso y estuvo presente el constante cuestionamiento del valor de la ilustración en este tipo de libros, ya que algunos estudiantes entendían como una contradicción la idea de ilustrar para quien no ve.

Luego se planteó la necesidad de definir parámetros básicos para que la realización sirviera al fin propuesto. En este sentido, resultó esclarecedor recuperar la expresión de la ilustradora Carolina Farías que, en su visita a la cátedra, había dicho que “ilustrar es iluminar una idea”. La fuerza de esta expresión, unida al hecho de que “(…) la ilustración nace como una manera de volver inteligible un mensaje, como en el caso de las ilustraciones científicas (...) otro aspecto de la ilustración es la de brindar un aporte personal y hasta la de ‘decir con’ el texto” (Bahntje, 2008: 22), nos movieron a pensar que la función referencial que se observa en las aplicaciones para thermoform, remite a la misma necesidad que dio origen a las ilustraciones convencionales. Es dable pensar, entonces, que en materia de ilustraciones para ciegos, hay aún un largo camino para explorar en la búsqueda de optimizar su función.

Los cuentos a ilustrar, ya habían sido editados para videntes, entonces se dejó expresa constancia de que no se trataba de buscar una adaptación de las ilustraciones ya hechas. El desafío consistía en realizar obras absolutamente nuevas, pensando en el disfrute y el acceso a los libros ilustrados de lectores niños y jóvenes ciegos.

El lenguaje plástico se centró en las posibilidades que brindan las texturas de materiales diversos y los detalles que se plantean son mínimos para que el niño ciego logre comprender las ilustraciones sin confusión táctil.

Para la elaboración de las matrices, se eligieron materiales que soportaran una casi ilimitada cantidad de copias. Se utilizó variedad para facilitar el análisis de las diferencias y similitudes en el comportamiento, al momento de la reproducción.

 

                

Matriz de ilustración interior El bostezo,                                   Matriz para la tapa de El asesino en pársec,

en cerámica fría y cartón, sobre cartón gris                                  cerámica fría, pasta piedra papel encolado

                                                                                                                                     y caña sobre fibrofácil

 

Para el libro artesanal, se eligieron materiales resistentes al roce de las manos y que, desde su apariencia táctil, aludieran a aquello que representaban. Los rostros se trabajaron con goma eva, procurando emular la suavidad de la piel, mientras que para la captura del bostezo como personaje, se utilizó guata para simular la inconsistencia del mismo.

En ninguna de las versiones, se descuidó el tema del color ya que los libros se pensaron no sólo para el disfrute táctil sino también visual. El color fue trabajado con plenos, a partir de una paleta limitada, vibrante y contrastante para que colabore con la visualización.

La restricción en el número de ilustraciones atendió a la advertencia de las docentes acerca de las dificultades que puede presentar su lectura. Es frecuente considerar que la profusión y la complejidad de las mismas fragmentan la dinámica lectora. Se observa que, cuando se insertan en la escritura braille, se produce un corte que supone la presencia de un otro que coopere en la interpretación. Por ejemplo, en la versión para thermoform del cuento infantil, es probable que el niño no advierta por sí mismo que la representación del bostezo se constituye en la sucesión de bolitas. Si alguien coopera en la interpretación de este signo, luego el niño podrá significar esa imagen y seguir su recorrido en las ilustraciones subsiguientes.

Este ejemplo nos provee la oportunidad de explicar algunas decisiones que atienden a debates sobre la problemática en torno a la lectura de imágenes por parte de personas ciegas. Cruzando las prácticas junto a los especialistas, con la bibliografía disponible, consideramos que:

-Si en la exploración dactilar se necesita del diálogo con un otro en situación simétrica, las ilustraciones resultan fértiles para la integración.

-Si el otro está en relación asimétrica, son provechosas como oportunidad de aprendizaje táctil.

-En todos los casos, preferimos no insertar palabras aclaratorias de la imagen. Consideramos que no resultaba oportuno quebrar la función poética del lenguaje, preferimos confiar en la motivación para la relectura, lo que permitiría a las ilustraciones “decir con el texto”.

A la luz de cierta bibliografía supimos que:

 

(…) se debe desarrollar al máximo las aptitudes táctilo-quinésicas latentes y que (…) están demasiado poco exploradas. Esta función perceptiva (…) queda esencialmente relegada a ser utilizada para la lectura braille y las necesidades consideradas de funcionalidad cotidiana. La exploración táctico- quinésica necesita un cierto tiempo operatorio, puesto que supone un modo de aprehensión secuencial y por lo tanto exige exploraciones repetidas para poder fijar en la memoria lo que podríamos denominar la topografía del objeto (AAVV, 1996: 54).

 

Nuestra realización, con sus aciertos y errores, se aventura en la posibilidad de ofrecer goce de exploración, confiando en las potencialidades que puede desarrollar un niño ciego, “reivindicando todo lo que hace referencia al desarrollo emocional sin disociarlo del desarrollo cognitivo” (AAVV, 1996: 36). Por esta razón, las imágenes caminan sobre el límite de la experiencia docente cotidiana y la oportunidad de ofrecer un reflexivo plus de avance. Tendemos a pensar que, en la medida en que los niños y jóvenes ciegos se expongan a esta tipología ficcional ilustrada, podrán reponer los ítems significativos de las ilustraciones a partir del interjuego y la relación con el texto.

Según los testimonios de las docentes, los niños ciegos tienen mayor dificultad para leer los planos de las imágenes que aparecen “cortadas”. Por esta razón se buscó realizar las figuras humanas completas, a excepción de la primera ilustración del bostezo, en la versión artesanal.

 

 

Aquí, para realizar foco y otorgar mayor protagonismo visual al bostezo, se arriesgó representar sólo la cara de la niña. Luego todas las figuras humanas se representaron de frente o de perfil, ya que entendíamos que así resultan de mayor comprensión. Así, en el cuento El asesino, cuando la mujer aparece colgando la ropa, se la presenta en modo frontal. En cambio, en la que la mujer alza el hacha, se eligió el perfil, que permite mejor claridad en la expresión del grito y mayor exposición de la herramienta.

En todos los casos, en la contextualización de las imágenes, la relación figura-fondo se plantea con detalles mínimos. Para ese fin, en El asesino se hizo una ilustración de tapa que da cuenta del espacio rural, con una casa y el monte instalados sobre una base rugosa. La misma rugosidad plantea continuidad en las ilustraciones interiores, considerando que el lector puede seguir caminando el monte junto al personaje principal, a partir de esta referencia.

En El bostezo, tanto en la versión para termoform como en la artesanal, los fondos presentan elementos claves, como la ventana o la repisa en la que se encuentra el gato o el pasto seco propio del otoño para aludir al patio en el que Jazmín remonta su barrilete.

En torno a las reflexiones que este trabajo suscitó, pensamos que, si se lograra conseguir un objeto textual atractivo también para videntes, se promovería en estos un riquísimo y aún desestimado aprendizaje. Ponerse en el lugar del otro constituye de por sí un beneficio para quien lo intenta y en este caso amplifica las posibilidades perceptivas de sus sentidos que a raíz del beneficio visual suelen quedar aletargados.

 

Conclusiones

La experiencia resulta una contribución, una mejora al estado de la cuestión y una apertura de horizontes en Argentina. El valor agregado radica en el hecho de que la edición del prototipo en doble sistema con ilustraciones es un logro de colaboración entre instituciones escolares del sistema educativo de la provincia de Buenos Aires.

La evaluación final fue muy satisfactoria: las aristas de exploración académica fueron riquísimas y se logró un objeto textual que, en el análisis de las maestras para ciegos, se consideró muy apto para los lectores propuestos.

El proyecto de edición braille surgió con el afán inclusivo de incorporar a los niños y jóvenes ciegos en el circuito lector de las obras ganadoras del concurso literario Palabra de Maestro. Cuando advertimos que una biblioteca convencional resulta tan ilegible para un ciego como una biblioteca braille lo es para un vidente, intentamos un paso más. Buscamos un libro que llame al encuentro y la posibilidad de compartir, construir un puente de ida y vuelta sobre el río del mismo lenguaje, que facilite el diálogo en la diversidad, que nos lleve a caminar la lectura mano a mano sobre un soporte compartido. Buscamos un libropuente.

 

Bibliografía

AAVV (1996), “¿Se pueden tocar los cuentos?” [en línea], Organización Nacional de Ciegos Españoles [http:// www.once.es / Sevicios Sociales] Consulta: junio 2010

BAHNTJE, M. y Lilia GARCÍA BAZTERRA (2008), “La metodología de investigación en acto creativo, en el contexto de las escuelas de arte. Abordaje desde la perspectiva de producción de libro-álbum”, en La Puerta, Publicación de Arte y Diseño. UNLP, Facultad de Bellas Artes, Año 3, nº 3, La Plata.

CANIZÁLEZ, Julio (2009), “Libros para Ciegos en Centroamérica, ¿La gran deuda?”, en Pensar el libro. Pensando en Braille, UNESCO-CERLAC [en línea], Organización Nacional de Ciegos Españoles [http://www.once.es / Servicios Sociales] Consulta: junio 2010.

S/AUTOR, “Recomendaciones para presentar textos impresos accesibles a personas con dificultad visual” [en línea], Organización Nacional de Ciegos Españoles [http:// www.once.es ./ Servicios sociales]

ZURITA, Pedro (2009), “El braille hoy”, en Pensar el libro. Pensando en Braille, UNESCO-CERLAC [en línea], Organización Nacional de Ciegos Españoles [http:// www.once.es/ Servicios Sociales] Consulta: junio 2010



[1] La Prof. Myrian Bahntje trabajó con los alumnos Daniel Saladino, María Inés Saino, Lourdes Medina y Albano Renzi. www.myrianba.blogspot.com.