Patricia Álvarez

Acompañar con cuentos

Patricia Alvarez / Graciela Deza

Escuela de la Palabra. Hospital del Centro Gallego de Buenos Aires

(info@escueladelapalabra.com.ar)

 

Resumen: La Escuela de la Palabra es un espacio de promoción de la lectura dentro del área de educación no formal. La literatura infantil es abordada desde la narración oral y la lectura en voz alta, articulando práctica y teoría. En este trabajo, se reflexiona acerca de la experiencia llevada a cabo en el Hospital del Centro Gallego de Buenos Aires, entre el 2007 y el 2009, a través del Programa Acompañar con Cuentos.

Palabras clave: Hospitalidad, mediación, literatura, juego.

 

Abstract: The School of the Word is a space of promotion of the reading inside the area of not formal education. The infantile literature is approached from the oral story and the reading loudly, articulating practice and theory. In this work, it is thought over brings over of the experience carried out in the Hospital of the Galician Center of Buenos Aires, between 2007 and 2009, across the Program To accompany with Stories.

Keywords: Hospitality, mediation, literature, game.

 

Introducción

El Programa Acompañar con Cuentos se desarrolló en el Hospital del Centro Gallego de Buenos Aires, en el piso de internación pediátrica. En el mismo se despliega el concepto de mediación aplicado a la particularidad de los destinatarios: niños en situación de internación y sus familiares.

Los alumnos-mediadores realizan una intervención fundamentada en tres ejes conceptuales: el niño como sujeto en constitución; el rol del mediador resignificado como acompañante cultural y afectivo; el arte, el juego y la literatura en su función reparadora.

Partimos de la hipótesis de considerar que, el arte en general y la literatura en particular, pueden ser espacios simbólicos de reparación del mundo interno.

Compartir cuentos, canciones o poemas, cumple una función reparadora al proteger el espacio lúdico y poético de los niños. Una internación hospitalaria acontecida en la infancia podría entorpecer el proceso de conformación de la subjetividad. Si hay lugar para la construcción metafórica, el mencionado proceso seguirá su camino, superando el obstáculo de la enfermedad.

 

Minoría y promoción lectora

El filósofo Emmanuel Levinas realiza una propuesta ética que parte de la idea de excepcionalidad del otro y no de su diferencia. Pensar al otro como diferente, nos dice Levinas, puede convertir a la diferencia en un infeliz estigma. Lo excepcional conduce a otra lógica en las relaciones intersubjetivas; si el otro es excepcional provoca misterio, y nos lleva al terreno de la aventura y del secreto, “donde el primer sentimiento no es la tolerancia que mira al otro diferente de lejos, sino la sorpresa que es pura proximidad del otro” (Gutierrez, 2003: 3).

Los mediadores de la Escuela de la Palabra, dirigen su acción hacia una particular forma de minoría, que es la situación de excepción de los niños hospitalizados y sus familiares.

 

El paciente como huésped

Etimológicamente la palabra hospital corresponde a un sitio de hospedaje, compartiendo el mismo origen con la noción de hospitalidad y el adjetivo hospitalario.

Una de las aplicaciones de hospitalidad, a lo largo de la historia de la humanidad, fue la “hospitalidad para quienes la necesitan por su condición de enfermos” (Bordelois, 2009: 125). Luego se denominó hospital a las instituciones que ofrecían ese trato a las personas enfermas.

Foucault reflexionó sobre el panóptico y las instituciones totales, entre ellas el hospital, como sitios de alienación y hostilidad.

Hospitalario y hostil tienen una raíz común, pero como a posteriori adquieren significados tan contrapuestos se olvida el origen. En el mundo antiguo, el extranjero en tanto huésped, requería mayores obligaciones que con la propia familia, pero luego el extranjero pasa a tener la connotación de enemigo, se pasa de la hospitalidad a la hostilidad.

¿Será posible recorrer el camino inverso, retomar la tradición de huésped para con el extranjero, con el enfermo, volver a la hospitalidad?

 

La protección del espacio lúdico-poético

Según el psicoanalista inglés D. Winnicott un niño se convierte en deprivado cuando se lo depriva de ciertas características esenciales de la vida hogareña; en una internación hospitalaria, al alejarse de lo familiar, correría el riesgo de una deprivation. No obstante, esa situación podría resultarle beneficiosa, no sólo por la cura de una dolencia, sino porque el pasar por una experiencia dolorosa y salir ileso de ella, constituye un aprendizaje enriquecedor. Pero ese salir ileso dependería de algunas variables: condiciones de la internación, tipo de patología, edad del niño, comportamiento de los padres, etc.

Hoy, los aportes de Winnicott son considerados clásicos, entre ellos el concepto de objeto y fenómeno transicionales.

 

Todos estos objetos y fenómenos transicionales permiten al niño soportar frustraciones y deprivaciones y la aparición de situaciones nuevas. (…) Creo que si examinamos en esta forma el uso de los juguetes, las actividades autoeróticas, los cuentos y canciones a la hora de dormir, comprobaremos que, mediante estos recursos, los niños han adquirido cierta capacidad para soportar que se los deprive de todo aquello que le es familiar, y aun de aquello que les es necesario.

 

Entonces, lo transicional es un territorio a cuidar en las distintas etapas del desarrollo de un niño, pero más aún en situaciones vitales adversas.

Los cuentos se sitúan en ese espacio de transición, entre la realidad subjetiva y la realidad compartida, y es el que hemos llamado espacio lúdico-poético. Más aún, podríamos decir con la escritora argentina Graciela Montes, que ellos pueden ensanchar ese mundo de lo imaginario y así ofrecerle al niño más recursos para enfrentar las adversidades. Esta autora toma la noción de espacio transicional y nos ofrece una bella metáfora al nombrarlo como frontera indómita. La literatura tiene allí su domicilio: “Es ahí donde está la literatura; ahí se abre la frontera indómita de las palabras” (Montes, 1999: 52).

Otro concepto de Winnicott es el holding: El cachorro humano por su natural indefensión, necesita de un otro para vivir, de un sostén; en el comienzo de la vida este tiene un carácter físico, luego va adquiriendo una modalidad cada vez más simbólica. Podría decirse que en ciertas situaciones de exigencia para el sujeto, como una internación hospitalaria, se produce una suerte de regresión y el sostén se torna imprescindible. De ahí la importancia de la presencia de los adultos significativos en las internaciones de niños.

El arrullo, las canciones de cuna, los cuentos, forman parte del holding.

A menudo, nos ha sucedido que al entrar en una habitación con niños y bebés, después de contar un cuento, los familiares presentes se sorprenden y lo reciben como una opción, por ejemplo, a la televisión. Suelen pedirnos asesoramiento bibliográfico, mientras que las madres de los bebés escuchan atentas, preguntan por la pertinencia de contarles cuentos a niños tan pequeños y también a sus otros hijos.

Tratamos de promover con énfasis la lectura y la narración en los primeros años de vida, ya que ese despliegue amoroso de palabras, sonoridad y ternura serían valiosos suministros que sustituyen la relación corporal de la madre con su bebé.

En el hospital, los padres preocupados por las exigencias externas, pueden no estar en condiciones de conceder a sus hijos las mencionadas provisiones simbólicas, es allí donde la intervención del narrador y lector como acompañante, se torna necesaria.

 

Jugar con las palabras

En una situación de internación, aunque sin desconocerla, los niños necesitan seguir jugando.

Freud explicó las coincidencias entre un niño que juega y el poeta, al decir que ambos crean un mundo propio, un orden nuevo, más gratificante.

La estructura del relato ficcional al ser diferente del habla cotidiana, ofrece ciertos materiales para la construcción de ese mundo propio.

La narración oral y la lectura de un libro proponen un juego con las palabras.

El libro, al modo del objeto transicional de Winnicott, puede ser un objeto ofrecido y encontrado-adoptado por el niño.

El libro, devenido en juguete, sería el soporte ideal para este juego. Y como decía G. Rodari, pensar al libro como un juguete no es faltarle el respeto, sino sacarlo de la biblioteca para lanzarlo en medio de la vida.

Un ejemplo en el hospital:

Le preguntamos a Jimena de tres años si quiere que le contemos un cuento, asiente con la cabeza. La mamá nos comenta que ellos vienen de la provincia de Salta (a más de mil kilómetros del hospital), y agrega: “Mi hija no habla con nadie aquí”. El primer cuento fue algo así como la puerta de entrada a su mundo imaginario y a la conversación, porque tímidamente comienza a comunicarse: nos sonríe, repite algunas palabras tocando el libro y mirando con atención las imágenes. El segundo cuento relata un episodio, en el cual la luna cae del cielo y unos niños tienen que ayudar a devolverla a su sitio. Es un libro con troqueles, que invita al lector a abrir distintas ventanitas y compartir con la luna sus peripecias.

En esta escena de lectura reparadora, Jimena abre su propia ventanita, juega nombrando las imágenes, y como quiere seguir hablando, antes de despedirnos nos cuenta que en su casa, en Salta, la espera su perrito negro.

 

El acompañamiento

Una de las particularidades de la intervención que realizamos es su dispositivo, sobre todo en lo que atañe a la formación de los alumnos, denominados acompañantes, ya que lo que los caracteriza es su accionar de acompañar con cuentos, sin una finalidad terapéutica deliberada.

El hincapié está puesto en el modo de acompañar, la selección de libros, el tratamiento del repertorio, y los recursos utilizados en la lectura y la narración.

Durante el desarrollo del programa los mediadores paralelamente a las intervenciones, trabajaron en un taller de reflexión con diversas lecturas disparadoras: textos teóricos, cuentos, poesías y crónicas de las sesiones. La coordinación del Programa siempre estuvo presente, tanto en el hospital como en el mencionado taller.

La lectura de esas crónicas permitía ir evaluando la acción. Una de las primeras conclusiones a las que se arribó, fue sobre la valoración de los criterios de selección puestos en juego.

 

La hospitalidad de los libros

La especialista Michele Petit señala que resulta erróneo pensar la selección de los textos en términos de “necesidades” o “expectativas” (Petit, 2001: 26-27). En el caso de nuestra tarea, ese señalamiento se torna esencial, ya que podríamos estar tentados de elegir relatos con el supuesto poder de ayudar a los enfermos.

Nuestro modelo de intervención se diferencia de la biblioterapia u otras formas de lectura terapéutica, porque los mediadores acompañantes, tienen como objetivo fundamental, desarrollar con el niño una experiencia poética compartida.

Los criterios ajenos a lo literario pueden conducir a tutelajes, ya sean pedagógicos o terapéuticos, como ofrecer libros de autoayuda (para no tenerle miedo a los pinchazos, o a la indumentaria de médicos y enfermeras, etc.).

Estas observaciones no implican dejar a los niños solos frente a los libros. Se elige el material y al preparar la lectura o narración, los mediadores habitan el cuento desde sus vivencias, imágenes y emociones. El encuentro se inicia con poesías, adivinanzas, canciones, y otras formas de la tradición oral para establecer confianza y así compartir el juego con las palabras.

En cuanto a los destinatarios, sabemos de antemano que son niños o niñas, de edades diversas y que se encuentran junto a algún adulto familiar. No sabemos la procedencia, ni la patología (tal vez nos enteramos porque lo cuentan espontáneamente, pero evitamos las preguntas que apunten a su profundización). Nos interesa que la intuición y la sensibilidad de los mediadores acompañantes no se vean interferidas, por exceso de información, ni por supuestos o prejuicios. Transformar la lectura en experiencia va a depender no sólo de la elección del texto sino también de una expresión sensible.

¿Entonces qué elegimos?

Relatos que desarrollen una historia con intensidad y tensión. Temas que reciban un tratamiento poético, que permitan la construcción de múltiples sentidos. Autores que usen el humor y la parodia como recurso para estimular el pensamiento crítico y creativo. Cuentos que tengan inicios cautivantes y finales bellos y sorprendentes. Libros con ilustraciones artísticas que amplíen el mundo estético del lector. Palabras que ofrezcan hospitalidad y le permitan al niño, en situación de internación, apropiarse con libertad de ese espacio y tiempo otro, llamado ficción literaria.

 

Para finalizar: “Curate Caledonia”

Caledonia es un personaje del cuento “Cuello duro” de la escritora argentina Elsa Bornemann. Se trata de una reelaboración de un cuento popular europeo. En él se utiliza el recurso de la acumulación de personajes, en pos de una acción solidaria.

A la pobre jirafa Caledonia se le puso el cuello duro, una abejita que pasaba por allí la escuchó quejarse y fue a buscar a la médica vaca, como ella sola no iba a poder masajear un cuello tan largo, con un “Muuuuu” llamó al burro, y así sucesivamente fueron llegando y acomodándose distintos animales hasta formar una pirámide: el cordero, el perro, la gata, don conejo, doña coneja y sus conejitos.

A la cuenta de tres todos juntos empezaron a masajear el cuello de Caledonia.

En la versión narrada en el hospital, la licencia que nos tomamos, en esta parte del relato, fue introducir una fórmula de repetición al modo de arenga: “¡Curate Caledonia!”. De este modo la jirafa, con el acompañamiento y aliento de sus amigos, pudo mover otra vez su larguísimo cuello.

Hasta aquí la síntesis del cuento, ahora vamos a la escena hospitalaria:

Llegamos a la habitación de Tobías de 5 años. Para Viviana, alumna de la Escuela, era su primera vez en esta actividad y antes de comenzar habíamos revisado precisamente el cuento “Cuello Duro”.

Nos presentamos y la conversación derivó en el tema de las mascotas. Viviana le preguntó al niño: “¿Cuál es tu animal preferido?”. El azar, la magia, ¿quién sabe? hizo que la respuesta de Tobías fuera la precisa, alegremente dijo:

-“La jirafa”.

Así empezó la lectura. Tobías reía y con su sonrisa nos invitaba a compartir el juego y la fiesta de la palabra. Juntos arengábamos con la fórmula CURATE CALEDONIA.

Para Tobías era su último día en el hospital. Igual que la jirafa Caledonia, él ya estaba curado.

“-¿Viste que a Caledonia le dolía mucho el cuello y a vos qué te pasó?”

¿Otra vez la magia? Tobías contesta:

“No sé, ya me olvidé”.

Risas de sus padres, de él, las nuestras. Nos agradecen, las agradecidas éramos nosotras…

Tal vez de eso se trate el pasaje de un niño por el hospital, que las causas reales por las cuales fue internado caigan en el olvido, pero que recuerde la historia de aquella vaca doctora, que junto a otros animales pudo aliviar a la jirafa, acompañándola al son de unas palabras mágicas: CURATE CALEDONIA.

Tengamos presente aquí que, para Freud, el olvido es también una forma de la memoria.

 

Bibliografía

BORDELOIS, Yvonne (2009), A la escucha del cuerpo. Puentes entre la salud y las palabras, Argentina: Libros del Zorzal.

FREUD, Sigmund, Obras Completas.

GUTIÉRREZ, Claudia (2003), “Emmanuel Levinas o lo excepcional como ética”, Univ. París 8. Vincennes. Saint Denis. Paris. [http:// personales.upv.es/sacuesta/pags/notas archivos/levinas.pdf]. Consulta: junio 2010.

LARROSA, J. (1996), La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación, Barcelona: Laertes.

MONTES, Graciela (1999), La frontera indómita, México: Fondo de Cultura Económica.

PETIT, Michele (2001), Del espacio íntimo al espacio público, México: Fondo de Cultura Económica.

— (2009), El arte de la lectura en tiempos de crisis, México: Océano.

WINNICOTT, Donald (1971), Realidad y juego, Barcelona: Gedisa.

— (1998), “El niño deprivado y como compensarlo por la pérdida de una vida familiar”, en Deprivación y delincuencia, Buenos Aires: Paidós, p. 218.