Rosa Tabernero

Claves para una poética de la recepción del libro-álbum: Un lector inserto en una “inmensa minoría”

Rosa Tabernero

Universidad de Zaragoza

(rostab(arroba)unizar.es)

 

Resumen: El estudio que se presenta a continuación trata de  exponer las reflexiones surgidas durante el desarrollo de una investigación sobre la recepción del libro-álbum en educación primaria. Se ha intentado establecer una aproximación a las claves de una poética de la recepción del libro-álbum, poética necesaria y fundamental en el desarrollo de la competencia literaria del lector del siglo XXI. En esta línea, se analizan, entre otros aspectos, la relación entre álbum y escuela y cuestiones como el formato, la caracterización del género desde la perspectiva editorial o el dibujo de un lector muy apartado del que parece solicitar el siglo XXI.

Palabras clave: poética de la recepción, libro-álbum, escuela, competencia literaria, libro ilustrado.

Abstract: The following study tries to present some reflections that emerged during a research project on the reception of picture book in primary education. It has been tried to establish an approach to the poetics of the reception of picture book, which is necessary and fundamental for the development of the literary competence of the 21st century reader. In that sense, we analyze, among others aspects, the relationship between picture book and school, issues such as the format, the characterization of the genre from the editorial perspective and the reader profile that seems far removed from the request of 21st century.

Key words: the poetics of the reception, picture book, school, literary competence, illustrated book.

Introducción

En este momento, aunque sólo fuera por la evidencia del mercado, es prácticamente imposible negar la existencia y consolidación del libro-álbum como género. Ante esta evidencia, por una parte, e intuyendo, por otra, que el libro-álbum, dadas sus características, puede aportar claves nuevas a la promoción de hábitos lectores, comenzamos nuestro proyecto de investigación entendiendo que en la incorporación de las imágenes se escondía uno de los elemento definitivos para atraer al lector del siglo XXI, tal como hace muy poco declaraba Anthony Browne (2010) (Arizpe y Styles, 2004). Pensábamos que la poética del libro-álbum debía basarse, en parte, en las consideraciones con las que el receptor se aproxima al discurso mencionado.

Muchos son los aspectos que han ido surgiendo a lo largo de una investigación que está en curso todavía y que no resulta novedosa en sus planteamientos, ni mucho menos, aunque ahora mismo está caminando por derroteros insospechados. De estos caminos, de las sugerencias de investigación que se han abierto en el transcurso de las distintas fases de la misma, trata esta intervención.

Sin duda uno de los géneros que a partir de los años noventa más bibliografía teórica ha inspirado es el libro-álbum, desde perspectivas distintas, eso sí: estética, educativa, literaria, artística, etc. La definición del género y los antecedentes históricos del mismo han sido los dos ejes vertebradores de los principales estudios publicados.

En definitiva, un libro-álbum, a diferencia del libro ilustrado, es concebido como una unidad, una totalidad que integra todas sus partes designadas en una secuencia de interrelaciones: lo que en el mundo anglosajón se denomina picture books (Shulevitz, 1996: 238; Durán, 1999: 79; Colomer, 1998).

Por otra parte, se entiende que las relaciones entre palabras e ilustraciones varían desde una relación de obvia congruencia hasta una de alta ironía (Nodelman, 1999; NiKolajeva, 2001; Lartitegui, 2006; Bader, cit por Goldin, 2006). Así en su mayor grado de experimentalidad, esas relaciones requieren de un alto grado de tolerancia por parte del lector (Doonan 1999: 35)[1]. Discurso polifónico, siguiendo las indicaciones de Bajtin; postmodernidad (Lewis, 1999: 87); metaficción (Carranza, 2002; Silva-Díaz, 2005); alfabetización visual (Saussure, Barthes, Levi-Strauss), cuando la aproximación al álbum se produce desde la perspectiva de formación de receptores (Styles y Arizpe, 2004: 73-93), tensión de Sipe (1998: 101; cit. por Arizpe y Styles, 2004), interanimación de Meek (cf. Arizpe y Styles, 2004: 177) o ambigüedad de Doonan (1999) son conceptos que se repiten en los estudios que desarrollan una aproximación al libro-álbum.

 

Lo que los receptores nos han sugerido

Desde las sesiones que hemos transcrito con los grupos seleccionados, hemos ido recogiendo aquellas aportaciones que escondían claves entendíamos necesarias en la construcción de la poética que perseguimos y simultáneamente han ido tomado forma las  reflexiones que exponemos a continuación.

Peritextos, epitextos y paratextos

El formato no es algo puramente ornamental sino que constituye en su desarrollo la propia esencia del álbum. Dupont-Escarpit (1997), hace ya unos años, mencionaba varios elementos caracterizadores del álbum y destacaba el formato que identificaba con cubiertas y contracubiertas de material duro, grandes dimensiones y de cuidada presentación. Así por ejemplo, Hanán Díaz (2007) habla de la materialidad del álbum para referirse a estas cuestiones.

Sin lugar a dudas, el formato pasa a ser en nuestros días uno de los elementos identificadores del género, al menos en un principio. Bastaría una simple mirada a las publicaciones recientes para entender que obras como El libro inclinado o Piñatas incorporan en todas sus dimensiones este elemento. No puedo dejar de mencionar unas propuestas apasionantes en este sentido como Bestiarara de Arnal Ballester o Korokoro de Emilie Vast y O personagem encalhado (2006) de A. Lago, Los elefantes nunca olvidan de A. Ravinshnakar y Ch. Pieper El jardín de Babaï de Mandana Sadat o El otro Pablo de la misma autora.

Por otra parte, y vuelvo a hablar de tendencias, el tacto es uno de los sentidos fundamentales a la hora de aproximarse a la versión de Caperucita Roja de K. Pacovská o a No te vayas de G. Keselman y G. Rubio. En la misma línea, cómo explicar la vuelta al mercado de los pop up, en una suerte de reivindicación del libro como objeto artístico.

Valgan ejemplos como estos para señalar la necesidad de incorporar el diseño, en todas sus dimensiones. Así es como las guardas resultan fundamentales en las inferencias que se puedan realizar de la historia que inician y finalizan (Hanán Díaz, 2006; Durán et al, 2009 y Consejo, 2010[2]). Sin embargo, bien podríamos pensar en la publicación fuera de España de álbumes en edición de bolsillo con el ánimo de abaratar costes (vid. Le secret de É. Battut, 2008). Desaparecen, por ejemplo, además de las dimensiones, las magníficas guardas de la edición en cartoné.

Podemos intuir, por tanto, que el género del álbum se ha consolidado en el panorama literario de tal modo que se pueda prescindir de formatos que encarecen el coste en el ánimo de superar esa minoría de recepción en lo que a su valor de mercado se refiere. Quizá el ámbito editorial esté dando muestras de otro tipo de fenómeno: la vitalidad del libro ilustrado que se dibuja claramente como objeto artístico, incluso de coleccionista. Posiblemente sea el álbum el género que haya provocado este fenómeno. Cómo no hacerse eco de la presencia de la novela gráfica en los últimos tiempos.

Por otra parte, en el libro álbum y en el libro ilustrado, no se señalan edades, apenas hay recomendaciones temáticas por parte del editor y si las hay suelen ser fragmentos textuales de la propia obra, tal como ocurre en La calle de Garmann de Stian Hole. Así pues la censura de la que hablaba Nodelman (2001: 155-168) al mencionar la selección de edades o los consejos de lectura de las contracubiertas desaparecen de este tipo de obras. Especial atención merece, pues, en la búsqueda de ese lector modelo que defina el género, la ausencia de textos de contracubierta indicativos de edad de recepción, marcas relacionadas a las características del receptor. ¿Un lector sin edad? Quizá sea ésa la respuesta. Así parecen confirmar las entrevistas que Salisbury (2007) realiza a Shaum Tan o Stian Hole.

La relación entre texto e imagen

Obviándose, como se ha hecho, elementos como los señalados anteriormente, es la relación entre texto e imagen la que ha sustentado el edificio teórico sobre el libro-álbum. Y dada nuestra experiencia con El contador de cuentos, hemos de decir que posiblemente se ha insistido hasta el exceso en la selección de obras que ejemplifican ciertas ideas explícitamente. De este modo se ha consolidado la diferenciación entre libro-álbum y libro ilustrado cuando las fronteras resultan cada vez más difusas.

Como se podrá comprobar en la lectura de El contador, la relación que se establece entre texto e imagen nada tiene que ver con la interdependencia. No existe distanciamiento ni juego intertextual,  ni el texto necesitaba de esa imagen para existir y, sin embargo, la lectura que los niños realizan es unánime y la relación entre texto e imagen no siendo de interdependencia extrema, sí se manifiesta como constructora de sentidos.

¿Podríamos establecer encontrar una relación intermedia entre texto e imagen de tal modo que la interdependencia se explicara desde otros parámetros?

A este respecto, y al hilo de las impresiones que los niños iban reflejando, creemos necesaria una aproximación a un concepto de libro-álbum más amplio, menos condicionado por el juego que se establece entre texto e imagen en una generación conjunta. Evidentemente los conceptos de contrapunto, tensión, experimentalidad, metaficción, etc. son fácilmente ejemplificables en obras como El hombre de la luna de S. Bartran o en Le petit dessin avec une culotte sur la tête de P. Rouillon. Más difícil, no obstante, parece buscar un lugar en la poética del libro-álbum para obras fronterizas como El libro de las preguntas de Pablo Neruda, ilustrado por Isidro Ferrer.

El ornatus

Las sesiones transcritas nos han ido marcando cómo en el libro-álbum el esfuerzo del receptor no sólo es emocional, sino que las emociones caminan de la mano de la razón y el deleite. Se trata de un discurso artístico, en suma. Por otra parte, posiblemente se pueda llegar a discriminar una serie de recursos estéticos, los correspondiente al ornatus retórico, aplicables no al funcionamiento de la imagen sino a la conciliación de los distintos códigos que allí intervienen. Debemos detenernos aquí por la importancia que va adquiriendo una de las hipótesis de trabajo con la que comenzamos. Me refiero a la presencia del desvío poético. Quizá una de las aportaciones del libro álbum en el desarrollo del lector literario sea la presencia de la metáfora en la aproximación al discurso literario y artístico (vid. Retórica general, 1987: 176-178; Ricoeur, 2001: 187). No hablamos tanto de metáforas visuales como del concepto de desvío poético vinculado al distanciamiento necesario en la interpretación de la obra literaria y, por ende, artística.

Así, por ejemplo, en lo observado, llama la atención en la obra de Robinson cómo los niños infieren distintas sensaciones verbalizadas en metáforas, en muchas ocasiones.

Si de metáforas hablamos, cómo no mencionar Korokoro o Esconderse en un rincón del mundo de Jimmy Liao.

Del mismo modo, cada vez es más común el juego con la tipografía y la incorporación de imágenes a los significantes verbales en el ánimo de romper arbitrariedades y crear conceptos desde la propia materia icónico-verbal. Así ocurre en Le secret o e Seis leones de Nesquens y Gamón. Cómo no recordar Alicia a través del espejo y a todos los seguidores de Carroll.

¿Promoción de hábitos lectores?

En el desarrollo del proyecto de investigación han ido surgiendo algunas cuestiones referidas en los cuadernos de observación de las personas que han “facilitado” cada una de las lecturas. Gran parte de ellas tiene que ver con la vinculación de álbum y escuela. Por alguna razón, el álbum no consigue salir del ámbito escolar.

¿Realmente es el libro-álbum el género que corresponde al lector del siglo XXI por los lenguajes que lo conforman? Pensamos que la respuesta a esta pregunta puede seguir siendo afirmativa pero no sólo por las razones culturales que se suelen esgrimir sino por otras sustancialmente distintas:

- El álbum implica, en el proceso de interpretación, la colaboración de un lector modelo eminentemente activo que vaya “llenando” los espacios vacíos generados por la conjunción de lenguajes que, por su forma de significar, son irreconciliables. La linealidad del texto se contradice con la globalidad de la imagen en su forma de construir sentidos.

- Ello supone que el libro-álbum requiere para su disfrute de un  tiempo de quieta y silente contemplación que nada tiene que ver con el tráfago en que los mensajes verbales y visuales nos van abordando en el vivir diario.

- El libro-álbum supera los límites propios de la obra literaria y camina hacia un discurso en el que materia y forma constituyen la esencia de la obra de arte. El poder objetual de este género lo convierte en uno de los reductos indiscutibles del ámbito privado. Y esto se traslada al libro ilustrado.

En esta línea, álbum y escuela parecen ser conceptos inseparables, como hemos comprobado, no tanto en lo que concierne a la promoción de hábitos lectores como en lo que atañe a la educación estética. El lugar del libro-álbum está en la contemplación, en la educación de los sentidos, en la aproximación al objeto en sí mismo, en la construcción de un espacio íntimo y privado, fuera de los pensamientos impuestos.

 

Bibliografía

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[1] Cito este estudio, uno de los mejores que sobre el libro-álbum se han escrito, por la edición de 1999, sabiendo que existe una reedición de 2005.

 

[2] Los citados estudios corresponden a sendas ponencias todavía sin publicar.